jueves, 12 de mayo de 2011

La motivación en el estudio


La motivación en el estudio
Te faltan motivos para estudiar
Tú sabes que para mover cargas muy pesadas, cargas que requieren una fuerza superior a la que tiene cualquier hombre, se usan unos instrumentos que se llaman palancas. Pues bien, para mover la voluntad, para iniciar su movimiento en cada caso, se necesitan también palancas.
¿Sabes qué nombre técnico tienen estas "palancas" dentro de la sicología? Tienen el nombre de "motivos". Los motivos son esas palancas que mueven la voluntad. He adivinado lo que estás pensando en este momento: "Acabo de hacer el gran descubrimiento de mi vida. Es maravilloso que existan palancas para mover esa carga tan pesada que es el estudio de cada día. Los motivos son mi liberación." Estoy de acuerdo contigo en que los motivos son algo importantísimo, de gran ayuda para el estudiante. Pero no llegues a la falsa conclusión de que hacen innecesario el esfuerzo personal.
Los motivos despiertan el interés, ayudan a centrar la atención, estimulan el deseo de aprender, conducen al esfuerzo. Aquí termina la función de los motivos. A partir de aquí empieza tu esfuerzo. Si éste llega habrás conseguido tener mucho interés por algunas cosas, pero no aprender esas cosas. Debes saber, además, que los motivos no surgen por sí mismos, sino que hay que adquirirlos y cultivarlos.
También conviene que sepas que no sirve cualquier motivo: hay motivos buenos y malos, mejores y peores que otros. Antes te decía que tienes una voluntad débil para el estudio. Ahora te añado que, la causa principal de tu problema es que careces de motivos para estudiar. Tienes pocos motivos y, además, son motivos pobres, poco valiosos. Un ejemplo de motivo pobre: estudiar para superar un examen. Un ejemplo de motivo valioso: estudiar para saber.
Te mueves sólo por incentivos.
El estudio no es algo que se engendra a sí mismo, sino algo que necesita ser motivado (estimulado) para que surja y para que continúe. Una persona está motivada para un aprendizaje cuando descubre que existe relación entre ese aprendizaje y alguna necesidad personal. Hay un tipo de motivación que se basa en satisfacer necesidades externas del estudiante. Para ello, otras personas (padres y profesores) le ofrecen incentivos.
A continuación, te pongo un ejemplo: Dinero, Una moto, Ir al extranjero, Dejarte salir el fin de semana. Esta motivación se llama extrínseca o incentivación. Existe un segundo tipo de motivación que se basa en satisfacer necesidades internas del estudiante. Además, es realizada por el propio estudiante. El estudiante se motiva a sí mismo. Por eso se llama automotivación o motivación intrínseca. Es una motivación sin incentivos (sin estímulos que vienen de fuera del estudiante). Conviene que te preguntes a ti mismo qué es lo que te mueve, habitualmente, a estudiar ¿te mueves, preferentemente, por incentivos o por necesidades interiores (motivos, automotivación).
Sospecho, me puedes corregir si me equivoco, que te mueves únicamente por incentivos: sólo para obtener elogios, premios, buenas calificaciones, etc., y para evitar posibles censuras, castigos, malas calificaciones, etc. Esto no te ocurre solamente a ti, les ocurre a muchos estudiantes. No está mal estudiar con incentivos. Lo que sí está mal es que ésa sea la única motivación.
Hay que recurrir a los dos tipos de motivación, ya que se complementan entre sí. Pero conviene recurrir mucho más a la automotivación que a la incentivación, sobre todo después de la infancia. Habrás observado que un niño es capaz de "matarse a estudiar" para conseguir una buena calificación o para ser el primero de la clase.
A los chicos mayores, como tú, ya no les "emocionan" tanto este tipo de cosas. Te aconsejo que apeles más a la automotivación, no sólo porque está más de acuerdo con los intereses de tu edad actual, sino también porque es una motivación más completa, más eficaz y más formativa. El estudiante que sabe automotivarse necesita pocos incentivos o ninguno.
Tomado de la lista "Hacer Familia"





Los deberes ¿obligaciones de padres o de hijos?


Los deberes ¿obligaciones de padres o de hijos?
Encorvados bajo el peso de sus abultadas carteras, nuestros escolares llegan cada día a casa cargados con una buena dosis de tareas para hacer después de la merienda. Muchos padres se plantean entonces si deben o no ayudar a sus chavales en estas obligaciones escolares, mientras observan preocupados cómo aquellos se sientan horas y horas ante los cuadernos sin sacar provecho, o prefieren encender la televisión.
Desde siempre, los deberes han sido la pesadilla de los escolares, una especie de extensión de la escuela hasta su casa, una obligación. Sin embargo, la actitud de los padres puede ser mucho más diversa: algunos progenitores ayudan a sus hijos hasta el punto de hacerles directamente las tareas, mientras que otros se preocupan mucho menos y tan sólo preguntan muy de vez en cuando lo de "¿Hoy no traes tarea?", pensando que ese tema corresponde exclusivamente a la relación entre el colegio y su hijo.
Ni una cosa ni la otra. Los deberes son, efectivamente, una proyección del programa escolar, pero su objetivo no es otro que la educación integral del niño: ayudarle a aceptar libremente sus responsabilidades, a concebir la cultura como un objeto del que puede apropiarse para su propio provecho.
Los padres deben ser por tanto elementos activos en esa tarea, ayudando a su hijo a cumplir con sus deberes.
Ambiente de estudio
Es lógico que un niño vea los deberes como un engorro, pero se le puede ayudar para que se aplique en ellos y se sienta satisfecho por el esfuerzo. ¿Cómo?
La primera medida será disponer una habitación para que pueda concentrarse convenientemente. Su propio dormitorio servirá siempre que ningún hermano esté jugando a su lado.
No debe haber ruidos. Sería realmente cruel obligar a un niño a estudiar mientras escucha música de fondo, la televisión o una fiesta.
Dadle la merienda antes de que se siente a hacer los deberes. Los estómagos vacíos no son buenos amigos de los cuadernos.
No le dejéis abandonado. Es muy probable que requiera pronto alguna indicación o unas palabras de ánimo, y necesita que alguien esté disponible. No es bueno que se le atosigue, pero sí agradecerá alguna oportuna y aislada visita de vez en cuando para preguntarle cómo va.
Como ayudarle
Tan mal es desentenderse de los deberes de los hijos como agobiarles con constantes preguntas y castigos.
Si el niño no rinde y las horas pasan sin que vuelva la hoja, lo más probable es que le falte un buen estímulo o que esté desorientado sobre lo que tiene que hacer, y no que su coeficiente de inteligencia sea inferior al que le corresponde.
Algunos padres se desesperan ante estas situaciones, pero existen opciones más productivas. Para empezar, si un niño no rinde en sus horas de estudio, ¿no será porque no lee bien?, ¿o porque no entiende?, ¿sabe realmente qué es lo que le han pedido en el colegio que haga?...
Para coger el toro por los cuernos, nada más rápido y eficaz que sentarnos diez minutos con el chaval antes de que se enfrente a sus tareas, y preguntarle: ¿Qué le han puesto hoy como tarea? ¿sabe cómo hacerla? Satisfechas sus dudas, dejadle sólo y acudid diligentemente si os llama. Está cumpliendo sus deberes, así que no es justo que le obliguéis a esperar a que acabéis de coser un dobladillo.
Ritmo de trabajo
Para que el chaval no se quede pensando en las musarañas, será preciso forzar un poco su actividad, de modo que alcance un ritmo aceptable de trabajo.
Una fórmula para lograrlo son los topes, poner pequeñas metas dentro de los deberes de cada día, ya sea en una materia concreta o en alguna lección algo más complicada. Una vez que el chico tenga bien claro lo que debe hacer y cómo, se sentirá capaz de aceptar estos retos y de disfrutar superándolos día a día.
Otra ayuda fundamental y que os agradecerá mucho en el futuro es que le ayudéis a hacer esquemas de las lecciones. Esta tarea le permitirá ordenar los conocimientos en su memoria y asimilarlos con mayor facilidad.
Con interés
También es importante que tenga un horario fijo: merienda, un poco de charla, estudio y cena, que no le permita remolonear y dejar las cosas "para luego". El "después", cuando hay deberes, no existe.
Su horario debe estar integrado en el de la familia: mientras él trabaja, sus hermanos también estudian, y mamá hace sus cosas.
Pero, si es positivo que sea consciente de que hay un momento para cada cosa, también hay que hacerle entender que las tareas no se deben dejar a la mitad. Hay que acabarlas.
Una vez terminadas, no estará de más que prestéis atención a lo que ha estudiado, si se lo sabe bien, qué le ha gustado más, dónde ha encontrado las mayores dificultades y que reconozcáis su esfuerzo y sus pequeños éxitos. El se sentirá halagado y animado por vuestro interés hacia sus cosas, y tendrá más motivos para acabar bien y a su hora las tareas.
Motivar, no atosigar
Como para cualquier otra cosa que queráis de vuestro hijo, el atosigarle es el pero camino para obtenerla. El triunfo será lograr que él desee lo mismo que vosotros.
Si es necesario, porque el niño se niega a abandonar su pereza, sus padres tendrá que mantener una seria conversación con él y explicarle claramente que el perjudicado por esta actitud es él mismo y que deberá pasar el verano estudiando porque se autoengaña.
Es inevitable que el chico vea sus deberes como una pesadez, pero sí podrá entender que, al igual que su padre ha de ir todos los días a trabajar, él también debe cumplir con su responsabilidad de escolar estudiando sus lecciones.
Los ejemplos
Del mismo modo, los padres han de tener buen cuidado en dar ejemplo ante sus hijos con su propio trabajo, los hermanos mayores son también en el área del estudio importantes modelos que los pequeños querrán emular.
Pero no sólo habrán de dar ejemplo. Los hermanos mayores tienen mucha más facilidad para entenderse con ellos gracias a la cercanía en edad, pero también porque sus conocimientos son más frescos, y pueden captar mejor las dificultades de cada asignatura.
Animándoles a ambos para que se pidan y ofrezcan ayuda mutuamente repercutirá positivamente en ellos y en toda la familia.
Para pensar
- No permitáis que el niño vea sus deberes como una pesada carga sin sentido. Hacedle ver que son su responsabilidad, y que su esfuerzo será provechoso.
- Poned pequeñas metas a vuestro hijo cada día, para ayudarle a que se esfuerce por superarse y él mismo se anime con sus pequeñas victorias.
- Procurad que el ambiente de la casa no enturbie nunca el estudio de vuestro hijo. Hay que respetar su trabajo.
- Procurad que los hermanos pequeños se esfuercen en no armar jaleo mientras el escolar hace sus deberes. Este se sentirá apoyado, y los demás aprenderán el hábito de respetar el trabajo de todos.
- No agobiéis al niño con la constante pregunta "¿Has hecho todos los deberes?" y cambiarla por otra bien distinta "¿Me enseñas lo que has hecho hoy"?
- Las comparaciones siempre son odiosas. Evitadlas entre hijos, primos o vecinos. Lo importante es que el niño sepa lo que debe hacer para lograr buenas notas.
- Hablad con los profesores de vuestro hijo para saber si se retrasa en alguna asignatura y haced hincapié en ella.
- Si el niño no rinde, averiguad si le falta motivación y si sabe realmente cuáles son sus tareas.
... Y actuar
Para animar al niño a que estudie y se sienta más seguro de sí mismo, invitadle a que vaya apuntando sus dudas a medida que estudia. Algunas podréis resolverlas en casa, pero las otras puede preguntarlas al profesor, de modo que sienta que colabora en las clases.
Por María Moll
Publicado en "Hacer Familia"




Los chicos lean más

Los chicos lean más
Un buen hábito lector sólo comienza desarrollarse cuando en casa se ha sabido despertar un interés por la lectura superior a las enormes dificultades que el aprender a leer implica.

Saber motivarlos

Porque, efectivamente, aprender a leer es difícil y si no se produce una buena motivación, el niño aprenderá a leer lo que en el colegio le manden, sin más, y ya no le quedarán ganas de seguir esforzándose en casa, sobre todo cuando, además, ver la televisión, por ejemplo, no requiere apenas trabajo y también es divertido.

En casa, por tanto, tenemos una tarea sumamente importante y entretenida entre manos. Para empezar debemos comenzar ofreciendo a nuestros pequeños un buen ejemplo. No cabe duda de que los hijos que desde su más tierna infancia ven leer a sus padres comienzan a sentir curiosidad desde pequeños y esto les termina por acercar a la literatura.

Por tanto, podemos intentar fomentar el interés de nuestros hijos sentándonos cerca de ellos periódicamente mientras leemos un libro o, simplemente, la prensa del día.

No cabe duda de que, al contemplarnos, más tarde o más temprano terminarán preguntarnos sobre lo que leemos y eso será un buen método para transmitirles lo increíble que puede resultar leer, el fantástico mundo que se esconde tras los libros...

Leerlos juntos

Contar y leer cuentos. También es importante que nos habituemos a contar cuentos en casa. Es lógico que haya muchos padres que se sientan especialmente incapaces de narrar una historia: "no tengo gracia, y no se cuentos, no tengo imaginación, los niños se aburren y no me hacen caso, etc." son argumentos que suelen apuntar algunos padres y madres.

En estos casos, siempre se puede recurrir a los libros tradicionales. Estos, aunque menos espontáneos y flexibles que los inventados, ayudan igualmente a crear esa afición lectora tan importante en estos años.

Una vez que nos hayamos habituado a leer el cuento diario (antes dormirse por ejemplo) podemos intentar dejarlo en el capítulo más interesante. Así, al día siguiente no sólo no les costará tanto irse la cama sino que estarán deseando que llegue el mágico momento de la lectura.

El ejemplo y la enseñanza

Además es fundamental que en casa se "respire un ambiente lector". Para conseguirlo será bueno que haya libros que los más pequeños, lo que no saben leer, puedan mirar. Y no importa que alguno se encuentre, incluso, un poco roto.

Podemos explicarle e ilusionarlo, asimismo, con que cuando aprenda leer ya no necesitará esperar a que algún mayor quiera contarle un cuento y que un mismo libro se puede leer tantas veces como uno quiera.

Para que sea más liviano

Otro aspecto que se debe tener en cuenta es el tamaño de los textos. Aunque el pequeño haya aprendido a leer, conviene que las letras sean grandes esto ayudará al niño a irlas memorizando poco a poco. Así, cuando llegue el momento de aprender a leer en el colegio, no cabe duda de que lo hará con menor dificultad que aquellos niños que no hayan tenido contacto alguno con la literatura.

Existe un buen recurso para no cansarlo con demasiado cuentos tradicionales; comprar libros con otro tipo de contenidos como ser canciones, adivinanzas o juegos infantiles que permitan entretener a todos juntos en casa, un ratito al día.


10 consejos para ser un buen estudiante


10 consejos para ser un buen estudiante
1. - La inteligencia
Hay personas bastante inteligentes que apenas necesitan estudiar, así como otras para quienes - parece - que estudiar no es lo suyo. Pero lo normal es tener una inteligencia media y los buenos resultados se obtienen con una motivación adecuada que facilite el esfuerzo que supone estudiar. Piensa cuáles son las razones que tienes para estudiar. Cuanto más valiosas, mejor. Sin voluntad de estudiar, no hay nada que hacer... y los motivos que tengas para estudiar son decisivos.
2. - No tengo voluntad
Es algo que le ocurre a mucha gente y que tiene que ver con los cambios que se dan en la adolescencia. Hay muchísimas otras cosas que son más divertidas. Pero te estás jugando el futuro... en unos años decides lo que vas a ser el resto de tu vida...

Hay alumnos que han repetido curso con buenas notas... Han cambiado, tienen un motivo. Así como tú lo tienes para oír música, hacer deporte, irte con los amigos y amigas... debes tenerlo, para estudiar. Y ese motivo ha de salir de ti. Los premios y los castigos pueden ser eficaces, pero a la larga no son lo decisivo. Si tienes voluntad, pero hay que ejercitarla
3. - Las técnicas de estudio
Habrás oído hablar o lo habrán dicho de ti: "este chico no sabe estudiar". Hay maneras de aprender a hacerlo, muchos libros, páginas web, la ayuda de un profesor, de tus padres. Pero en el fondo, todo es sentido común. A estudiar se aprende estudiando y tú mismo verás cuales son los sistemas que te van mejor. Si quieres aprender algo más, sigue leyendo.
4. - Lo más básico
Necesitas un lugar de estudio tranquilo, donde todo esté a mano, con una silla cómoda y luz suficiente. Y nada de música, ni TV. No te engañes, con música no se puede estudiar: puedes dibujar, copiar..., pero no memorizar ni concentrarte. No te levantes a cada momento..., persevera sentado al menos 45 minutos. Luego descansa 5-10 ´y... sigue.

Y también un horario. No tiene por qué ser rígido, ha de ser flexible pero lo normal en secundaria es que gastes entre media hora y una hora para hacer las tareas y tres cuartos o una hora para estudiar. Si entre lunes y viernes no has obtenido 10-12 horas de estudio, el fin de semana hay que recuperar. Y algo más en tiempo de exámenes. Deja, si puedes, para el fin de semana las tareas que te lleven más tiempo: Una lámina de dibujo, un trabajo para una asignatura.
Es una pena que pases el tiempo haciendo como que estudias cuando tu cabeza está muy lejos. Deja de soñar despierto. Aprovecha el tiempo y luego, podrás hacer muchas otras actividades.
5. - En clase. Los apuntes
Es una tontería perder el tiempo en clase. Si aprovechas ese rato, tendrás mucho adelantado. Si, por alguna razón, os dejan tiempo libre, de estudio, adelanta tarea.
Puede que el profesor siga el libro: en ese caso toma notas de lo que dice, de aquello en lo que insiste. Si da apuntes, sigue atento y toma nota en todo lo que puedas, con sentido común. Subraya aquello que repita, es lo que considera básico.

De una manera u otra, luego tendrás que repasar lo que has escrito -no hace falta que lo pases a limpio- pero deja claro el tema de modo que lo entiendas, ahora y dentro de unos meses. Si has faltado a clase o tienes los apunte incompletos, pídeselos a un compañero.
6. Memorizar
En la mayoría de las asignaturas tendrás que estudiar, memorizar los contenidos de las lecciones. No intentes aprenderte algo que no entiendes; por eso es tan importante lo que te dije en el punto anterior.

Cada persona tiene su propio sistema para fijar en la memoria las lecciones: leerlo en voz alta, repasarlo varias veces e intentar repetirlo sin mirar el texto... lo importante es que tengas en cuenta que no te sabes un tema si no eres capaz de explicarlo. Y es muy conveniente que estudies cada día lo, explicado en clase. Así te será más fácil, pues los tienes "frescos" en la memoria y es mejor aprender un texto corto que enfrentarte a un montón de páginas cuando lleguen las épocas de evaluaciones.
7. - Los exámenes
Se dice por los profesores que el curso se aprueba en Septiembre. No valen excusas: ya estudiaré cuando llegue el examen es un enorme error. Si estudias cada día cuando llegue el momento del examen sólo tienes que repasar conocimientos ya adquiridos, recordar lo que ya sabes. Si lo dejas todo para el final, acabarás con la cabeza llena de fórmulas, definiciones, fechas, etc... un caos.

Los exámenes son de distintos tipos: hay que preparar cada uno de modo diferente. Auto examinarse da buen resultado.

Duerme bien la noche anterior al examen, ni se te ocurra tomar ninguna pastilla - lo pagarás muy caro -. Así evitarás el nerviosismo y el cansancio. Tampoco es bueno hacer comentarios con los compañeros momentos antes de empezar el examen: sólo conseguirás convencerte de que no lo llevas bien preparado y te pondrás más nervioso aún.

Lee detenidamente las preguntas antes de lanzarte a responder, incluso hazte un pequeño esquema siquiera mentalmente. Si te es posible, responde primero las preguntas más fáciles y deja para el final las que no te sabes bien. Esto es especialmente importante en problemas de matemáticas, física, traducciones... Muchas veces gastas todo el tiempo de que dispones en hacer un problema y dejas el resto en blanco.

Comprueba los resultados, las unidades, la ortografía. No te precipites en entregar: usa todo el tiempo de que dispongas.
8. Para estudiantes de ciencias. Los problemas
Aunque es difícil dar una regla común, en matemáticas, Física, química muchas pruebas incluyen problemas: a partir de unos datos tienes que hallar otros, mediante una fórmula o varias.

En primer lugar has de elegir la fórmula adecuada, luego sustituyes las variables por los valores que te den ( ¡ Las unidades!) y te quedarán una o varias incógnitas para despejar. Hazlo con sumo cuidado y repasa los cálculos: es muy probable que te pidan los resultados exactos, y no bastará con que la solución esté bien planteada.
9. A pesar de todo, no consigo buenos resultados
¡Ánimo, todo tiene solución en esta vida! Piensa en cuáles son tus fallos como estudiante, sé constante, no te desanimes... los resultados tardan en llegar, y los fracaso sirven para adquirir experiencia, no para lamentarte
Pide consejo a alguien con experiencia, realiza algún test de técnicas de estudio y perfecciona tus métodos como estudiante.

Quizá tengas problemas personales que te impiden concentrarte. Acéptalo y busca una solución, aunque a menudo no es fácil. Intenta desconectar de él cuando toca estudiar. Te juegas el futuro.

Si estás todo el rato pensando en una chica, estoy casi seguro que lo que más le agradaría es que no piense tanto y que estudies con provecho, para ofrecerle algo valioso, que se sienta orgullosa de ti.
10. Y lo más importante
Hay un punto de Camino, donde se afirma que "Una hora de estudio es una hora de oración": este libro tiene muchos puntos, un capítulo entero, dedicado al aspecto sobrenatural del estudio. Te vendría muy bien considerarlo detenidamente.

Ofrece a Dios tu trabajo. Puede resultarte de utilidad tener un crucifijo o una imagen de la virgen delante.